En México la gente de Monterrey, los regios, tienen fama de ahorrativos por no decir codos.
Pues estaba este bato, pasando la calurosa tarde cuando la mujer lo molesta y le dice:
-Viejo, las marranas (cerdos) están muy inquietas, ya entraron en calor (celo), llévelas al veterinario para que las insemine.
-Ta´gueno- Contestó el regio. Y las lleva con el Veterinario.
-Huerco, aqui le traigo las marranas dizque para que las insemine. ¿Cuánto va a ser?
-Son mil quinientos pesos por marrana.
-Mil quinientos por tres, a chis!!! ¡Son casi cinco mil pesos! A ver cómo le hacemos, déjeme pensarle, es musho dinero... Oiga, y ¿cómo es eso de la inseminación?
Así que el veterinario le explica, se sube a su camioneta, se lleva al cerro a las marranas y él mismo, sin necesidad de semen de marrano, una por una se las insemina.
Al otro día le pregunta a la mujer:
-Vieja, ¿ya se echaron las marranas?
Y las marranas corre y corre en el chiquero
-No, viejo.
Así que otra vez, sube las marranas a la camioneta, las lleva al cerro y se las insemina.
Al día siguiente le pregunta al hijo:
-Huerco, vaya a ver si ya se echaron las marranas.
Regresa el niño y le dice:
-No, apá. Siguen inquietas.
Y las sube a la camioneta, las lleva al cerro y se las insemina.
Al tercer día le pregunta a la mujer:
-Vieja ¿ya se echaron las marranas?
-No, viejo, pero están muy raras.
-¿Y eso tú?
-Porque están arriba de la camioneta, brinque y brinque y tocando el claxón.