viernes 23 de noviembre de 2007
Dios me perdonará, esa es su chamba
Algunas gentes se preguntan si me volví un jacobino mata curas o ingresé a un culto satánico, pero lamento decirles que no. Sigo siendo como el 90% de los mexicanos que nos declaramos católicos, pero solo vamos a misa en bautizos, bodas y misas de muertos. En mi caso deje de ir a misa porque el padre cambió la hora de la misa a las 12 que es cuando comienzan los partidos de futbol.
Aqui en Japón son de lo más "light" con la religión. Son politeístas, es decir que creen en muchos dioses, está el dios del baño, por ejemplo, que vive en el baño. El Dios de los católicos es uno más de esos dioses. De hecho, aqui la gente de mi pueblo se vuelve católica para casarse en la iglesia, luego se olvidan del asunto.
Nuestra religión católica, aunque formalmente monoteísta, es igual de politeísta. Para empezar tenemos un Dios trino, que no tripe, sino trino. Tres en uno. Luego tenemos chorrocientos santos que interceden por nuestras causas ante Dios nuestro Señor. Después la gente termina adorando más al santo que al mismo Dios. ¿Cuál es la diferencia?
Bueno, no fui yo quien declaró que Dios estaba muerto, sino Nietzsche. Y esto va más allá de lo pintoresto y se enmarca en un diálogo que leí en el blog de Pedro Aguiirre entre Emma Goldman y Bruno Arpinati, éste último decía:
-“Dios está muerto, pero hay todavía fantasmas más persistentes con los que incluso algunos de sus asesinos pretenden atormentarnos. Por ejemplo, los hegelianos de izquierda y sus herederos, como Marx y Engels, después de matar a Dios lo pretendieron sustituir con nuevos fantasmas, “humanidad”, “humanismo”, “Estado sin clases”, “Justicia”, de tal forma que pretenden cautivar al Yo en una red de conceptos que tienen fuerza normativa y con los que se pretende interpretar la existencia. Pero la existencia carece, por esencia, de nombres y conceptos. Y aquí está la gran objeción que yo les hago a ellos. Porque yo creo que la existencia precede a la esencia. Mi lucha no persigue ninguna arcadia de fraternidad, yo sólo quiero que el individuo vuelva a su existencia sin nombre y liberarlo de sus prisiones esencialistas. De las religiosas, desde luego, pero también del dominio de los otros espectros esencialistas: de la supuesta “lógica” de la historia, de las leyes de la sociedad, las ideas de humanismo y progreso, del liberalismo y del socialismo, de todas esas nociones que no tienen ninguna realidad. Ahora bien, si nos sentimos poseídos por tales universalidades, éstas engendran en nosotros realidades perniciosas”
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